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VERSÍCULO DEL DÍA – Sábado, 27 de Agosto del 2022

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Versículo del día

« Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; »

Filipenses 2:3

Reflexión

En este verso el apóstol Pablo muestra la forma cómo deben vivir sus hermanos Filipenses en el trato de los unos con los otros, dejando también el consejo para toda la iglesia de Cristo.

«Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;» Filipenses 2:3

En su carta, el apóstol motivó a estos creyentes a mantener como principio moral la humildad y la unidad. Éstas son dos virtudes muy importantes y de gran estima a los ojos del Señor, ya que como hijos de Dios, es necesario mostrar una buena actitud para dar testimonio de que Cristo reina en nuestras vidas.

Dios conoce los corazones, los prueba y da a cada uno conforme a sus obras. Por lo tanto, si estamos haciendo las cosas para nuestra jactancia, tarde o temprano hemos de recibir el pago por nuestras malas acciones, porque todo lo que el hombre siembra, eso también segará.

Dentro del ministerio, el servicio que realizamos debe ser por amor a Dios y exclusivamente para su gloria, no la nuestra. Sin embargo, se han dado casos dónde creyentes solo buscan agradar sus autoridades espirituales o para sobresalir entre los hermanos. Entonces… ¿Cómo podemos llamarnos siervos de Dios, si sólo buscamos el interés propio?

Esto demuestra vanagloria, lo que conlleva a una actitud de menosprecio hacia otros por sentimiento de superioridad. Pero Dios, a través del apóstol, muestra la medicina para sanar ese mal destructivo: la humildad…“Estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

Debemos morir al orgullo, y pedirle al Señor que se nos revele cada día su amor y su humildad para poder expresarla a los demás. La Palabra nos enseña el poder de la unidad y del acuerdo, siendo sinceros y reconociendo nuestras fallas para evitar que nuestro compañerismo sea corrompido por cualquier situación o disgusto; no dando lugar al diablo, sino buscando siempre el camino de la reconciliación y si nos han fallado estemos dispuestos a perdonar porque de esta manera hacemos la voluntad del Padre.

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!… Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna”, (Salmos 133:1-3).

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